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Dormir bien también es parte del buen entrenamiento

El descanso es una de las primeras cosas que sacrificamos cuando la rutina aprieta. Y lo normalizamos tanto que dejamos de verlo como un problema. Pero afecta a cómo piensas, a cómo te mueves, a cómo rindes y a cómo te sientes día a día. Y eso, tarde o temprano, se nota.

¿Te suena eso de vivir con una sensación constante de cansancio que no sabes muy bien de dónde viene? Pues bien, muchas veces viene de ahí. De haber normalizado un descanso que no es suficiente. Y mira que somos buenos normalizando cosas, pero esta es de las que no conviene dejar pasar.

Si entrenas o estás pensando en empezar, hay algo que queremos que tengas claro desde el principio: no hay Buen Entrenamiento sin un buen descanso. Palabrita del buen blog.

Mejorar no ocurre solo cuando te mueves. Ocurre también cuando dices basta por hoy.

El descanso como parte del entrenamiento

Mucha gente asocia el progreso al esfuerzo puro: entrenar más, sudar más, darlo todo en cada sesión. Y tiene su lógica, lo entendemos. Pero el cuerpo no funciona exactamente así. Y menos mal, porque si no estaríamos todos reventados siempre.

Cuando entrenas, generas un estímulo. Bien. Pero es durante el descanso cuando tu cuerpo se adapta a ese estímulo, repara tejidos y mejora sus capacidades. Es decir, el momento en que realmente progresas no es mientras sudas en el centro. Es mientras duermes esa noche. Que se lo digan a los que se quedan hasta las dos de la mañana viendo series y luego se preguntan por qué no mejoran. Ejem.

Sin descanso suficiente, ese proceso se interrumpe. Y lo que ocurre entonces no tiene mucho misterio. Más cansancio, menos rendimiento, más molestias físicas, más irritabilidad y menos ganas de seguir. Un ciclo bastante poco apetecible, la verdad.

El descanso no es complementario al buen entrenamiento. Es lo que hace que todo lo demás tenga sentido y que tu constancia se traduzca en resultados reales.

Dormir ocho horas no siempre es dormir bien

Aquí hay algo importante que aclarar, porque mucha gente cae en este error.

Calidad y cantidad son dos cosas completamente distintas. Puedes dormir ocho horas y levantarte sin haber descansado si tu sueño no ha tenido la profundidad que necesita. El descanso real requiere entrar en fases profundas de sueño, donde el cuerpo y el sistema nervioso se recuperan de verdad. Cuando no llegas a esas fases, da igual cuántas horas hayas estado en la cama haciendo la croqueta.

Las razones pueden ser muchas. Desde el estrés acumulado o los malos hábitos hasta patologías como la apnea del sueño, que por cierto no siempre se manifiesta con ronquidos, echa un ojo en Google y verás. También pueden influir los sudores nocturnos, las molestias musculares, la ansiedad o incluso un colchón o una almohada que ya no te dan lo que tu cuerpo necesita. Con el tiempo el cuerpo cambia, y lo que antes funcionaba puede que ya no sea suficiente. No te quedes con el colchón “de toda la vida” por cabezonería, que aquí no hay premios por fidelidad.

Si te levantas agotado habiendo dormido, hay un motivo. No lo normalices ni lo dejes pasar, porque tiene solución.

Entrenar ayuda a dormir mejor. En serio.

Puede parecer un contrasentido a primera vista, pero moverse más durante el día ayuda a descansar mejor por la noche. Y esto no es un mito de la abuela, aunque lo parezca.

El cuerpo necesita actividad para regular sus ritmos naturales. Con el buen entrenamiento liberas tensión acumulada, reduces el estrés, mejoras la regulación hormonal y le ayudas a tu cuerpo a entender cuándo toca activarse y cuándo toca parar. Cuando ese equilibrio funciona, la noche se lleva de otra manera. Te cuesta menos conciliar el sueño, descansas más profundo y te levantas con más energía. Poca broma.

Eso sí, no hace falta pasarse. El buen entrenamiento busca el equilibrio justo, estimularte lo suficiente para mejorar, sin generarte más estrés del necesario. Una sesión bien planteada no te deja fundido ni con el cuerpo destrozado. Te deja con esa sensación de haber hecho algo por ti, de haber dado un paso. Y esa sensación también influye en cómo descansas y en cómo afrontas el resto de la semana.

Y aquí viene un clásico que todos conocemos: «estoy cansado, hoy no entreno.» Lo entendemos perfectamente, con lo a gusto que se está en el sofá. Pero muchas veces es justo lo contrario de lo que necesitas. El cansancio que viene de no moverte, de pasar el día sentado y con la cabeza a tope, no se soluciona con más inactividad. Se soluciona activando el cuerpo. Cuando entrenas con regularidad, optimizas el uso de tu energía y eso se traduce en menos cansancio en tu día a día. No al revés.

La cabeza también necesita descansar

Cuando hablamos de descanso, casi siempre pensamos en el cuerpo. En los músculos, en las articulaciones, en el físico. Pero la cabeza lo necesita igual, o más.

Vivimos con un nivel de estímulos constante que no para: pantallas, notificaciones, preocupaciones, prisas, listas de cosas por hacer. El cuerpo puede estar completamente parado y la mente seguir a mil. Por eso puedes estar tumbado en el sofá una tarde entera y seguir sintiéndote agotado cuando te levantas. Porque todo nuestro sistema está conectado, y si la cabeza no descansa, el cuerpo tampoco lo hace del todo.

Entrenar te obliga a parar, aunque sea durante una hora. A centrarte en lo que estás haciendo, en tu respiración, en tu cuerpo. Es uno de los pocos momentos del día en que realmente sales de tu cabeza y desconectas de verdad. Y eso tiene un valor enorme, aunque no se vea en ninguna báscula.

A esto hay que sumarle que el ejercicio libera endorfinas y serotonina, que son el mejor antiestrés natural que existe. No es poesía, es fisiología. Esa desconexión mejora tu estado de ánimo y facilita un descanso más profundo cuando llega la noche. Cuanto más te mueves, más energía sientes. Y cuando no lo haces, tu batería se queda en modo stand by sin que sepas muy bien por qué.

Algunas cosas que puedes hacer para dormir mejor

No hay fórmula mágica ni una solución que funcione igual para todo el mundo, pero sí hay hábitos que en la mayoría de los casos marcan la diferencia. Aquí van algunos con los que puedes empezar, sin agobios:

  • Intenta mantener horarios de sueño regulares, incluso los fines de semana. Las rutinas son una pieza clave para que tus ritmos naturales funcionen bien. Sí, también el sábado.
  • Reduce las pantallas al menos una hora antes de dormir. No es un capricho: la luz de las pantallas activa tu cerebro justo cuando debería estar bajando revoluciones.
  • Evita las cenas muy pesadas o demasiado tarde. Tu cuerpo no debería estar digiriendo cuando tiene que estar descansando. Que ya bastante tiene.
  • Incorpora actividad física en tu rutina, preferiblemente varias horas antes de acostarte. Entrenar demasiado tarde puede activarte en el momento equivocado.
  • Duerme con la habitación a oscuras para que tu cuerpo produzca melatonina con normalidad. Una persiana que cierre bien puede cambiar mucho la calidad de tu descanso.
  • Mantén tu habitación ordenada y a una temperatura agradable. El entorno importa más de lo que parece, aunque cueste creerlo.
  • Date una ducha antes de dormir. Más allá del ritual, ayuda a bajar la temperatura corporal y prepara al cuerpo para el descanso. Una excusa más para la ducha de antes de acostarse que todos sabemos que se nos olvida.
  • Revisa tu colchón y tu almohada. Con el tiempo el cuerpo cambia y lo que antes funcionaba puede que ya no sea suficiente. No es un gasto, es una inversión en tu descanso y en tu salud. Y si no, pregúntale a tu espalda.

Dormir bien es cuidarte. Y cuidarte es parte del buen entrenamiento.

Igual que eliges moverte y comer bien para sentirte mejor, el descanso debería formar parte exactamente del mismo plan. No es algo secundario ni opcional ni algo que puedas dejar para cuando tengas tiempo. Es una pieza fundamental y de las importantes.

El buen entrenamiento y el buen descanso no van por separado. Van de la mano, se necesitan y se potencian mutuamente. Cuando cuidas los dos mejora tu rendimiento, tu estado de ánimo, tu energía y tu calidad de vida en general.

Y si quieres algún consejo personalizado o tienes dudas sobre cómo compaginar entrenamiento y descanso en tu día a día, ya sabes dónde estamos, estaremos encantadísimos de atenderte.